lunes, 24 de septiembre de 2007

Crisol de expresiones

Autor: Gabriel Sosa Plata

Periodista y académico universitario. Autor de diversos artículos y ensayos especializados en medios de comunicación

En 15 años, la radio mexicana ha tenido cambios importantes en su programación, contenidos y consumo hacia el propio medio ante el surgimiento de nuevas opciones tecnológicas de información y entretenimiento. Pero, quizás, su rasgo más distintivo ha sido la apertura de sus micrófonos a las diferentes fuerzas políticas del país y a la sociedad, congruente con los intensos cambios políticos y sociales que ha tenido nuestro país en estos tres lustros.

Pese a algunas resistencias gubernamentales y de empresarios mediáticos, la radio es hoy día un crisol de expresiones políticas, de demandas sociales y de posiciones en temas antes intocables como el presidencialismo, la sexualidad, el ejército o la religión. Prácticamente de todo se habla en la radio y a toda hora, sin fuertes cortapisas. Y no es para menos: la radio, a diferencia de la televisión, es un medio más accesible para la gente en ambos sentidos, en la posibilidad de expresarse a través de sus micrófonos y de escuchar la estación elegida en cualquier lugar ante la movilidad característica del medio y el abaratamiento de receptores.

La democratización en la expresión política y pública de la radio, sin embargo, no ha sido equiparable a la diversificación de los emisores en estos años. Si bien la radio comercial creció alrededor de 35% de 1988 al 2003, continúan siendo los grupos de radiodifusión creados, sobre todo entre los años sesenta y setenta, los que controlan la mayor parte de las frecuencias radiofónicas del país. Las alianzas estratégicas, la compra-venta de estaciones, las fusiones, que se desarrollaron a partir de 1994, no han alterado de manera sustancial la hegemonía que tienen algunos de esos grupos y, por el contrario, se han fortalecido.

Algo distinto ha ocurrido en la radio cultural: en estos 15 años el número de estaciones creció de forma importante, lo que benefició a comunidades indígenas, gobiernos estatales, universidades, instituciones de educación superior e institutos tecnológicos. Aunque muchos de ellos han padecido de insuficiencia presupuestal -lo cual ha derivado en sueldos muy bajos para su personal, falta de capacitación y atraso tecnológico- y su desarrollo se ha visto afectado por los vaivenes políticos, la censura e incluso la autocensura, su existencia ha abierto un abanico muy interesante de opciones de información, entretenimiento y hasta de educación a distancia.

A continuación algunos de los cambios más importantes que se han presentado en la radio mexicana, desde el año en que fue fundada la Revista Mexicana de Comunicación (RMC) hasta nuestros días.

Reconfiguración de grupos

En 1988 había 851 estaciones concesionadas (comerciales); para fines del 2002 son ya 1151. Esto significa que durante estos años fueron otorgadas 300 nuevas concesiones, lo que representó un crecimiento de 35%. A partir de 1994 se sumaron 90 emisoras de FM complementarias y combo.

En contraparte, los permisos para la operación de estaciones culturales tuvieron un salto impresionante: de 37 otorgados hasta 1988 se pasó a 376 entregados en el 2002. Si bien es cierto que 58 de esos permisos se encuentran en proceso de instalación, según la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), el crecimiento de las emisoras permisionadas no deja de ser enorme: 1000% en promedio, durante estos 15 años. En este recuento no han sido sumadas las estaciones de onda corta.

El crecimiento de la radio y la apertura política de sus espacios informativos no tuvieron cambios importantes en su estructura de la propiedad. Las nuevas frecuencias continuaron prácticamente en las mismas manos. Entre 1988 y 2003, el control de más de 70% del total de estaciones concesionadas otorgadas en el país lo han tenido 10 grupos radiofónicos. Esta concentración sólo disminuyó cuatro puntos porcentuales en ese periodo.1 La situación es mucho más delicada cuando advertimos que cinco de ellos han operado, administrado y sido propietarios de más de 50% de las estaciones existentes en el país.

Desde 1998, Radiorama, de Javier Pérez de Anda, y Grupo ACIR, de Francisco Ibarra López, han permanecido como los principales grupos de radiodifusión comercial; ambas organizaciones representan, operan y han tenido bajo su propiedad a casi 30% de las estaciones que han funcionado en el país. Debajo de ellas han nacido, crecido o sucumbido otras empresas con fines similares. Grupos como Radiocima, Sociedad Mexicana de Radio, Promosat de México (antes Promomedios), MVS Radio (antes FM Mexicana), Organización Radio Fórmula (ahora en alianza con RAMSA), Multimedios Estrellas de Oro (antes Organización Estrellas de Oro) y Radio SA aumentaron considerablemente sus estaciones propias y afiliadas. Pero hubo otros que desaparecieron como Radio Programas de México (que tuvo su época de esplendor en los años cuarenta y cincuenta al afiliar a más de la mitad de estaciones que operaban en México) y ARTSA (que llegó a tener 57 estaciones entre propias y afiliadas).

El debate que se ha intensificado en los últimos años para modificar la discrecionalidad en el otorgamiento de concesiones y permisos, que ha sido esencial para la configuración actual de la radio mexicana, no ha tenido hasta ahora ningún éxito, al menos en el aspecto legal, como se ha señalado ampliamente en los recuentos anuales de RMC y en el suplemento Bitácora.

Una de las causas de la desaparición de grupos como los mencionados y el reacomodo de la industria radiofónica, ha sido la crisis económica que ha padecido nuestro país desde hace años, así como la disminución de los porcentajes de inversión publicitaria en la radio, no obstante el crecimiento en el número de estaciones. Desde 1989, la radio no ha alcanzado 14% de los recursos captados de la publicidad durante ese año y, por el contrario, éstos llegaron a disminuir hasta 9% durante 1995 y 1996, como consecuencia del error de diciembre de 1994. Fue precisamente en ese bienio (1995-1996) que la radio comercial tuvo una de sus peores crisis en su historia, lo que la obligó a prescindir de los servicios de cientos de trabajadores de la industria, como detallamos en RMC.2 De acuerdo con la Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad (AMAP), a partir de 1997 hubo un ligero repunte en el gasto publicitario de la iniciativa privada hacia la radio al conservar, hasta el 2000, 10% del total de la inversión. En el 2001 este porcentaje aumentó un dígito, para llegar a 11%. Para el 2002 se esperaba un porcentaje similar, pero la AMAP no ha dado a conocer oficialmente tales resultados.3

El sonido estereofónico se impone

Otro de los factores que podría explicar la disminución de la captación publicitaria, fue la introducción de nuevos medios que se colocaron en el gusto de las clases medias urbanas. Antes de 1988, la radio sólo competía con la televisión y la prensa. A partir de 1989, lo comenzó a hacer contra una industria de televisión por cable en crecimiento, de la radio y televisión por microondas, de la televisión directa por satélite, del servicio de Internet, de los videojuegos, del disco compacto, entre otros servicios y productos más que nacieron en los noventa. La llegada de las nuevas tecnologías, y de las digitales en especial, acapararon la atención de los habitantes de las ciudades, sobre todo de los jóvenes de clase media. En el ámbito del sonido, el cambio fue vertiginoso. Las estaciones de la banda de AM, antes reinas del tiempo libre de los mexicanos, comenzaron a sucumbir frente a sus similares de FM al finalizar la década de los ochenta. Así, en menos de dos décadas los papeles estaban totalmente invertidos: las emisoras de FM ocuparon, en el caso específico de la Ciudad de México, el lugar principal de la radio con porcentajes que alcanzan cerca de 75% y en consecuencia los porcentajes más altos de inversión publicitaria destinados al medio en su conjunto. De poco sirvieron los rallies radiofónicos en favor de la AM realizados por la Asociación de Radiodifusores del Valle de México (ARVM) en julio de 1997 y agosto de 1998, en los que participaron 33 estaciones de AM, para que los radioescuchas conocieran los diferentes programas que se transmiten en esa banda y, con base en un concurso de preguntas y respuestas, participar en la rifa de diversos obsequios, entre ellos un automóvil último modelo.4

La caída en la captación de inversión publicitaria en la radio trajo, además de desempleo, un intenso movimiento en la industria radiofónica que se puede resumir en tres acciones fundamentales: 1) fusiones de capital entre empresas o venta de paquetes accionarios, 2) compra-venta de estaciones y 3) alianzas con fines de representación comercial. Una de las primeras alianzas de este tipo -escribió Fernando Mejía Barquera en RMC en 1994-, "se produjo en marzo (de 1993) y tuvo como protagonistas al grupo Cristal Cima, dirigido por Francisco Sánchez Campuzano, y a Somer (Sociedad Mexicana de Radio), encabezado por Edilberto Huesca Perrotín".5 Hasta ahora ya son alrededor de 30 los movimientos que se han presentado en la radio mexicana, algunos de los cuales tuvieron una duración efímera. Dentro de estas estrategias empresariales podemos ubicar la realizada por Grupo Radio Centro (GRC) al colocar parte de sus acciones en la Bolsa de Valores de México y en la de Nueva York, en julio de 1993, como lo hizo TELEVISA ese mismo año.6

Un elemento importante por considerar, en años más recientes, ha sido la apertura del medio a los capitales extranjeros, mediante los llamados esquemas de inversión neutra. Fue bajo esa posibilidad de inversión que Clear Channel Communications, de Estados Unidos, adquirió, en abril de 1998, 40% de Grupo Acir por 57 millones y medio de dólares y, en el mismo año, el grupo texano Hicks, Muse, Tate & Furst pagó 120 millones de dólares por una participación, que aún se desconoce, en MVS Comunicaciones. Durante julio, también de 1998, Chancellor Media, de Estados Unidos, anunció que compraría por 237 millones de dólares 50% de Grupo Radio Centro, a pagarse en efectivo y en acciones de la compañía extranjera.7 Sin embargo, en octubre Chancellor anunció que no continuaría sus planes de venta y no dio detalles sobre los motivos de la anulación del acuerdo. La introducción de capitales extranjeros en la radio mexicana adquirió más relevancia con la venta en noviembre de 2001 de 50% de acciones de Radiópolis, de TELEVISA, a Promotora de Informaciones, SA8 (PRISA), de España, por un monto de 50 millones de dólares y de 10 millones de dólares adicionales destinados a una ampliación de capital para la compañía.

Para salir adelante frente a la competencia, los grupos radiofónicos también modificaron en diversas ocasiones los formatos de sus estaciones. Tan sólo en la Ciudad de México, más de 30 estaciones radiodifusoras han cambiado su programación, algunas con cambios promedio cada dos años. La programación hablada, en las emisoras de AM, así como la música grupera, la música moderna en español y -hecho por demás interesante- la música mexicana del recuerdo han sido las protagonistas importantes de estas mutaciones, junto con una intensa movilidad de conductores de una estación a otra, que han sido ampliamente comentados en la prensa y en los recuentos anuales de RMC.

Pluralismo de la radio

El país cambió y la radio también lo hizo, al menos en sus contenidos. El boom de la programación hablada, que inició en 1985 a raíz de los sismos de septiembre de aquel año, tuvo su segundo impulso con el intenso proceso electoral de 1988. En aquel año del polémico triunfo electoral de Carlos Salinas de Gortari, la radio dejó de ser totalmente priísta, como lo fue por obligación y seguramente por convicción en décadas anteriores, y abrió por primera vez sus espacios a los partidos de oposición en porcentajes mucho más amplios que la televisión.

Los primeros monitoreos realizados por primera vez en la historia en 1988 así lo demuestran. Fue una apertura que no se detuvo en las elecciones siguientes, como lo han comprobado los monitoreos realizados por la Comisión de Radiodifusión del IFE. Incluso hay quienes explican que parte del éxito para que Vicente Fox ganara la presidencia de México, se debió precisamente a la apertura de la radio y la televisión.

Evidentemente tal pluralidad no fue una actitud democrática que nació de la noche a la mañana entre los industriales de la radiodifusión, sino producto de un complejo proceso político y económico, que debía tener consecuencias en los medios. Una cerrazón de espacios a la oposición podría traer falta de credibilidad y en consecuencia disminución de ratings y de anunciantes. Los empresarios de la radio comprobaron que la democratización de sus espacios era un buen negocio porque daba prestigio, audiencias y, claro, dinero para la difusión de las campañas de todos los partidos políticos.

Hoy sabemos que cada vez que hay procesos electorales, los principales grupos radiofónicos logran un respiro en sus finanzas. Un ejemplo reciente: durante el segundo bimestre de 2003, GRC informó que tuvo un incremento equivalente a 40% de sus ingresos por transmisión comparado con el mismo periodo de 2002, debido a las campañas políticas. "Ya en su informe financiero de 2000, esa empresa había indicado, con una honradez que debe reconocérsele pues no todos los grupos de radio y TV tienen tal actitud, que la propaganda partidista había representado 20.9% de sus ingresos en ese año", escribió hace pocas semanas Mejía Barquera.9

La apertura de la radio no fue una nueva actitud exenta de obstáculos. En estos 15 años, hubo casos de comentaristas y conductores despedidos, por dar voz a personajes que no coincidían con las preferencias partidistas de los dueños de las estaciones o de algunos funcionarios del gobierno, o bien por sus opiniones políticas. Algunos ejemplos de lo que escribimos en 1999:
Miguel Ángel Granados Chapa fue destituido de su cargo en Radio Mil por entrevistar a Cuauhtémoc Cárdenas en 1993; Enrique Quintana tuvo que despedirse de su programa en Stéreo Cien por entrevistar en agosto de 1994 a Eduardo Valle, El Búho; José Cárdenas salió de Radio ACIR por dar a conocer la aparición del Ejército Popular Revolucionario en julio de 1996; Lorenzo Meyer ya no fue invitado a participar en el noticiario Para Empezar por cuestionar, en 1997, la participación del presidente Ernesto Zedillo en la ceremonia de toma de protesta de los candidatos del PRI en las elecciones de ese año, entre muchos casos más.
10

Tampoco la apertura política de radio evitó la aparición de otras modalidades de expresión política y social. El 10 de septiembre de 1994, la Asamblea de Radios instaló en Reforma e Insurgentes, Ciudad de México, la estación Televerdad.

Sin permiso de la SCT, Televerdad logró transmitir por espacio de un mes en el 89.1 de la banda de FM, hasta que un grupo de agentes judiciales, acompañados por un grupo de inspectores de la SCT desmantelaron e incautaron el equipo.11

Fue una de las primeras experiencias en la historia reciente de la radio comunitaria, que después sería retomada por organizaciones políticas, ciudadanas y estudiantiles en diversas partes del país. Hasta ahora no se sabe con exactitud cuántas estaciones de este tipo operan en el país, pero es un hecho que su número ha crecido en los últimos años.



NOTAS

1) Sobre la situación en el DF es de consulta obligada el trabajo de Beatriz Solís, "Breve diagnóstico de la radiodifusión mexicana", en Revista Mexicana de Comunicación, núm. 42, noviembre 1995-enero 1996, pp. 9-13.

2) Véase mi recuento "Focos de emergencia para la radio mexicana", en Revista Mexicana de Comunicación, núm. 43, febrero-abril de 1996, pp. 11-13.

3) La revista MundAméricas estimó que el porcentaje de inversión en radio fue de 11% en el 2002, según un despacho de la Agencia Notimex, fechado el 26 de octubre de 2002.

4) "Se vitamina el cuadrante radiofónico mexicano", en Revista Mexicana de Comunicación, núm. 42, enero-febrero 1998, p. 11.

5) Fernando Mejía Barquera, "Ecos de los medios en 1993", en Revista Mexicana de Comunicación, núm. 33, enero-marzo de 1994, p. 15.

6) Op. cit., p. 9.

7) Frank Montero, "Atractivo mercado radial latino", en Radio World Edición Internacional, 6 de enero de 1999, pp. 1, 12.

8) Radiópolis controla 17 estaciones en los principales mercados de la República Mexicana, con 9% de la audiencia total de radio en el país. La compañía más grande en el mundo hispanoparlante pertenece al Grupo TELEVISA. En tanto, Unión Radio, propietaria de la Cadena Ser y de Antena 3 Radio, opera 388 emisoras con seis formatos, cuenta con una audiencia media diaria de más de cuatro millones de radioescuchas y pertenece al Grupo PRISA, uno de los consorcios de medios más importante en Europa.

9) Fernando Mejía Barquera, "Radionoticiarios: ¿quién los oye?", columna Cambio de Frecuencia, Milenio Diario, 25 de julio de 2003, p. 41.

10) "Situación actual y retos de los noticiarios radiofónicos en la Ciudad de México", en Universidad de México, núms. 582-583, julio-agosto 1999, pp. 53-54.

11) Alejandro Olmos, "El cuadrante radial en el 94", en Revista Mexicana de Comunicación, núm 39, febrero-abril de 1995, p. 44.