miércoles, 26 de septiembre de 2007

Territorio Sonoro: Apología del sonido radial




El Universal
Autor: Leticia Santos

Sonidos naturales: borbotones de agua (¿brotando en manantial?) que chocan consigo mismos. Sonidos artificiales: dos tornamesas hip-hoperas entrelazando, confrontando, protestando el entorno. Sonidos ampliados: el latir del nonato desde el bastión materno. Sonidos lamentables: la voz marchita por la desesperanza, dos autos en colisión y todas, todas las estridencias de la guerra, llantos de moribundos y de recién nacidos. Sonidos imposibles de captar: la acción de la vacuna contra el sida, el movimiento de los astros o la emoción de realizar algo bien.

Los sonidos, acompañantes irremediables de nuestra cotidianidad, son pasados por alto, voluntariamente ignorados por nuestra atención, quizá porque el oído es el único órgano que no puede cerrarse a voluntad natural ni tiene cortinas como los ojos ni puede contenerse como el olfato: los ojos buscan las cosas, pero las cosas llegan, sin ser buscadas, a nuestros oídos. Consciente de esto, el hombre ha ideado multitud de métodos artificiales para o bien aislar el sonido o evitar que desemboque en nuestra sensibilidad acústica.

Desde los audífonos hasta el MP3, la manera en que recibimos, almacenamos, reproducimos nuestros sonidos es cada vez más sofisticada. No hablamos del hombre que ve (homo videns) sino del hombre que oye: el laberinto de la soledad es el laberinto del oído. Y, sin embargo, inmóvil, por dentro se mueve. Quizá la metáfora de la fragua es la mejor imagen para ilustrar lo que ocurre en el interior, en la zona secreta, de nuestros oídos: martillos sonoros, yunques audibles, estribos para contener lo que procede extramuros: los oídos castos (¿la frase es de Unamuno?) castigan lo que oyen.

Y oyen y oyen el rock, los sampleos, los acordes mixtos, las voces entrelazadas, los géneros musicales abrazados, la chispa de las piedras sonoras talladas contra el olvido: el territorio sonoro, el lugar donde la música reencuentra su primera definición: vino suave que enciende el alma de los hombres para ponerlos a bailar, a soñar, a encarar sin miedo la enfermedad de la vida.

Han pasado más de 80 años de la presencia de la radio en México, más de 100 desde que las ondas hertzianas atraviesan el espectro en el mundo. Es momento, pues, de pensar no sólo en la utilidad del medio, sino también en su pertinencia artística, en sus posibilidades y alcances para proponer, a quienes disfrutamos los privilegios del oído, formas sonoras específicas que entronquen con nuestra sensibilidad, que reconozcan en lo audible un discurso propio, cargado de significación pero también pleno de motivos que tiendan hacia la propuesta artística.

Esto es, puede ser, el plus que proponga la Radio Pública en nuestro país. Hemos trabajado, con éxitos y fracasos como es natural, en una propuesta cultural y educativa que nos sigue planteando retos. Hacerlo ahora desde el sonido primigenio, irrepetible y por tanto documentable, es una propuesta, sólo una, entre las muchas que pueden ayudarnos a repensar la radio.

Leticia Santos leticia.santos@uia.mx es Coordinadora de Contenidos en Ibero 90.9 Radio

4 comentarios:

CASA dijo...

Este texto me parece interesante ya que al hablar de nuestra necesidad de música como seres humanos sensibles lo hace atractivo, pues no son solo una mezcla de datos y fechas acerca de la radio, es una conjunción de emociones y sensaciones las cuales la música nos hace sentir.

Pablo Casaubon
Grupo D1 Comunicación

Héctor el WP dijo...

El mundo lo comenzamos a conocer desde pequeños, con la boca empezamos a chupar lo que encontramos a nuestro paso, con la vista reconocemos objetos y sujetos, pero sólo a través de los sonidos aprendemos, no es hasta que nos explican el porque de las cosas que realmente entendemos lo que ocurre a nuestro alrededor.
Una madre simpre repsonde al llanto de su bebé, el bebé busca el sonido del palpityar del corazón en el pecho de sumadre para dormir tranquilo, si no escuchamos nuestras propias palabras al leer un libro, no seremos capaces de imaginar las ideas que intenta pintar el autor en nuetra psique, y por esto y más es que el sonido es tan importante en nuestras vidas, y si hay algún lugar donde en verdad se trabaja con la imaginación, es la radio, pues es la unica que es capaz de llevarnos de un lugar a otro sin movernos, de un playa paradisiaca inundada de música Surf, a una gótica edificación germana obscurecida con pesados sonidos de metales de un pieza de Goth Methal, incluso, al interior del resinto legislativo de San Lázaro en medio de una intensa charla politica.
Sin importar donde vayamos, siempre habra algun sonido (nuevo o conocido), y alguna nueva frecuencia que escuchar.

Anónimo dijo...

Gustavo Cuevas

Creo que no importa si la radio de la universidad iberoamericana no llega a un gran número de oyentes, lo que en realidad ime parece interesante es que la radio de la universidad pueda utilizarse adaptando nuevas formas de difusión, como una radio alternativa, en donde se discuten temas que no se discutirían en una estación de gran alcance. Es importantísimo que seamos una de las pocas universidades con una estación de radio propia, y apoyo la idea de que cada universidad con al menos dos décadas de educación tenga una estación, eso nos permitiría abrirnos un poco a los diferentes puntos de vista que existen de un plantel a otro.

grupo de mich

Nayelly dijo...

Me parece muy interesante el texto, pero no solamente el oído es importante.

Con el sentido del gusto hablamos, con el sentido del tacto tocamos, con el sentido de la vista vemos y con el sentido del olfato, y no me imagino la vida si alguno de los 5 sentidos me faltara.

Dice que podemos "cerrar" por ejemplo el sentido de la vista y el del olfato pero el del oído no, ¿pero qué pasa si me tapo los oídos? en este caso creo que el único sentido que no podemos cerrar es el del tacto, no podemos evitar sentir.

Aunque por otra parte es muy cierto que los sonidos llegan a nosotros sin buscarlos, aunque también los olores, ¿no?

Pero también como dice mi compañero Pablo en su comentario, los sonidos como la música también nos pueden hacer sentir, aunque también lo puede hacer la vista.

Universidad Iberoamericana
Comunicación
Cultura Mediática
Nayelly González
Profesor: el more